El Nuevo Orden según Carl Schmitt

Un amigo me propone ver la nueva serie “The man in the high castle”, una distopía basada en una novela de los años ‘60. Me cuenta que se ambienta en un mundo en que Alemania habría ganado la II guerra.


Un mundo alternativo

Pensé immediatamente: en realidad, yo sé -o, al menos, intuyo- cómo sería un mundo en que los nacional socialistas hubieran ganado la guerra. Sería un Führerstaat, un estado dirigido por un Guía, Führer o líder máximo. No habría división de poderes, ni tampoco check and balances. Se renegaría de todo lo que oliera a sociedad liberal o a individualismo. Sería el primado del colectivismo.

El estado nacional socialista sería más o menos como lo que describe Carl Schmitt en su artículo “El Führer defiende el derecho”1. Publicado el 1° de agosto de 1934, en la que era la revista más prestigiosa del derecho alemán2 de aquel entonces.

Schmitt elogia en su artículo sobremedida al entonces canciller Adolf Hitler, cuyo discurso de 13 de julio de 1934 en el Parlamento (Reichstag) cita abundantemente. El autor de “El Führer defiende el derecho” justifica la toma del poder por parte de los nacional socialistas en enero de 1933 (la llamada Machtergreifung). Es un intento de comprometerse con el nuevo orden y de congraciarse con los nuevos detentadores del poder. Por algo, a Schmitt se lo considera un gran oportunista

No sin razón, Carl Schmitt es denominado el jurista de la corona (Kronjurist) del nacional socialismo, calificativo que procede de un artículo publicado por Waldemar Gurian en Suiza, en “Deutsche Briefe”, órgano de la “emigración” católica, abiertamente contrario al régimen nacional socialista3.

Durante la década de 1920 y principios de los años 1930, Schmitt fue un representante de la llamada Revolución Conservadora, que hoy en día, la Nueva Derecha pretende hacer revivir. De ahí su importancia actual, ya que, en nuestros días, asistimos a un renacimiento schmittiano4 de la mano de los movimientos de extrema derecha en Europa.

El nuevo régimen propuesto por Schmitt -que debía ser realizado plenamente por el nacional socialismo- dejaría atrás el sistema anterior, esto es, la democracia parlamentaria y representativa. El autor habla de un nuevo régimen que vencería a “los falsos ídolos del liberalismo” (Götzen des Liberalismus), frente a los que Alemania se habría puesto de rodillas en 19185. Con ello, se iniciaría una nueva era, un tiempo nuevo.

Los tres elementos del nuevo estado

Este nuevo orden que habría emergido en esta “nueva edad” iniciada en 1933, se componía de tres elementos: estado, pueblo y movimiento. El movimiento es el Partido Obrero Nacional Socialista. Los tres están ordenados en torno a la fidelidad jurada al Führer. El Guía o Führer sería algo así como el jefe de gobierno, aunque Schmitt no usa este término “demasiado liberal”.

De que el partido realice bien su misión depende la suerte de la unidad política del pueblo. El estado puede, distinguir entre amigo y enemigo, y debe hacerlo6. En 1932, Schmitt había escrito acerca de la necesidad de que el estado, en situaciones críticas, declare a alguien como su enemigo7. Esta arcaica mentalidad del amigo y enemigo -que se extiende por todo el pensamiento schmittiano- ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo. Y, me atrevería a decir, que también a las relaciones interpersonales.

El Führer no sólo es el guía y está a la cabeza de los tres elementos del nuevo estado, que le han jurado fidelidad y obediencia, sino que además es el juez máximo o supremo. Gerichtsherr lo llama Schmitt, esto es, el señor de los tribunales del pueblo8. Una denominación, en realidad, muy ridícula, que -me parece- se entiende en el contexto de la búsqueda de nombres rimbombantes, que hicieran pensar en un supuesto pasado germánico glorioso.

Que el Führer encarne el poder ejecutivo y, que al mismo tiempo, sea el juez máximo, sin límites, ni materiales, ni formales a su jurisdicción9, significa que no hay división de poderes. De un poder legislativo en manos de un parlamento no es necesario ni siquiera hablar, porque simplemente no estaba considerado dentro del nuevo régimen. En el nuevo orden, sólo existiría el pueblo y el Führer. Es la llamada Führerdemokratie, un sistema con un Führer a la cabeza.

Entre paréntesis, la democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta “democracia” encabezada por un Führer que dirige al pueblo. El pueblo, a su vez y en una especie de proceso de retroalimentación permanente, debe corrobarar o ratificar las decisiones de su Guía. Nada tiene que ver esta nueva democracia directa con la llamada democracia de base.

El Führer crea el derecho en el mismo momento: lo que él dice es derecho y se aplica de inmediato10. Es una especie de “derecho instantáneo”. Lo crea ad hoc para la ocasión. No lo anuncia antes, nadie lo conoce de antemano, tampoco el derecho penal. Del principio nulla poena sine lege nunca se ha escuchado. El derecho es creado por „nuestro Guía“11 quien ha interiorizado la enseñanza de la historia y su fuente de derecho es el pueblo12.

Aquí hay un fenómeno místico de unión entre el pueblo y el Führer que nadie en su sano juicio puede entender, por más que Schmitt se esfuerce en explicarlo y en justificar lo injustificable. El Guía del pueblo es una especie de mesías. Mucho de culto religioso hay en todo esto. O más que religión, me parece que se trata de una gran superstición.

Las nuevas fuentes de derecho

Todo el derecho -también el que crea el Führer- emana, en último término del derecho a la vida del pueblo, que él llama Lebensrecht. Evidentemente, Schmitt no usa términos como soberanía popular o nacional, ajenos al nuevo orden. Bernd Rüthers se refiere a las nuevas fuentes de derecho que propone Schmitt13, a saber: la voluntad del Führer, la cosmovisión nacional socialista y la pluralidad de los “nuevos órdenes” (parciales) que componen el nuevo orden (total). Primacía tiene el programa del Partido Obrero Nacional socialista, fuente de derecho para legisladores, jueces, abogados, estudiosos del derecho y profesores14. Incluso, llega a decir que el Führer ordena las ejecuciones como las de junio de 1934, en su calidad de juez15.

Schmitt critica fuertemente el derecho anterior -el derecho positivo, las leyes, las ordenanzas, la Constitución de Weimar- que califica como una la malla formada por un derecho positivo opresor16. De ahí su animosidad frente al positivismo jurídico de Kelsen y otros, que presentaban la ley escrita, la ley positiva, como la norma que debería regir a todos y que no dejaban cabida a creaciones libres de un supuesto Führer que dictaría derecho para cada ocasión, basándose en quién sabe qué profundidades de la mentalidad del pueblo.

Schmitt desprecia profundamente lo que él llama el normativismo (jurídico). Critica su neutralidad. Sostiene que la neutralidad legalista de Weimar destruyó ese sistema. El estado liberal17 habría quedado paralizado y, en consecuencia, no habría tenido la fuerza para hacer uso de sus artículos de excepción18.

Así, el estado nacional socialista estaba guiado por un Führer que era una especie de ejecutivo y de judicativo a la vez. El Führer tenía una suerte de derecho absoluto a crear y a aplicar el derecho. Sin límite ni material ni en cuando a la extensión de su jurisdicción. No podría haber habido ni ultra petita, ni extra petita, ni nada por el estilo.

Schmitt no ve separación alguna entre política y Justicia y postula el primado de la política sobre los jueces19. El derecho, las decisiones del juez deben ser siempre políticas. Porque no lo fueron, se produjo la catástrofe de 1918. Pero el Führer -continúa- toma en serio las enseñanzas de la historia y es esto lo que le da la “fuerza y el derecho para fundar un nuevo estado y un nuevo orden”20.

Hay que dejar atrás la República de Weimar

El nuevo orden requiere un nuevo derecho del que, Schmitt pretende ser uno de los principales artífices. Después de todo, él fue uno de los juristas que más combatió la República de Weimar. De alguna manera, “merecía” convertirse en “jurista estrella”. Manfred Friedrich señala que si bien el concepto de Führerstaat no se hallaba en la obra de Schmitt durante la República de Weimar, tampoco contradice las ideas planteadas por él en ese entonces, antes de ponerse de lleno y voluntariamente al servicio del nuevo orden nacional socialista21.

Schmitt critica la corruptela (Korruptheit) del sistema judicial de Weimar22. Me pregunto si será mejor dejarlo todo en las manos de un Führer, lo que equivale a abandonarlo todo a la arbitrariedad de un hombre.

En su pensamiento hay una gran desconfianza frente al estado republicano de 1919 -que Schmitt llama despectivamente “liberal”, como si fuera un insulto- y una especie de trauma frente a los sucesos de 1917-18 (motín, revolución, fin del Reino alemán). No enmarca estos últimos acontecimientos en el contexto del fin de la Gran Guerra, sino que los considera una consecuencia del liberalismo, de la neutralidad del estado y de la indecisión del aparato estatal.

La época dorada del Reino Alemán

La experiencia traumática del hundimiendo del Reino alemán23 fundado a comienzos de la década de 1870 y que la Revolución Conservadora -de la que Schmitt era uno de sus principales representantes- veía como una época dorada, lo lleva a justificar las medidas tomadas por Hitler frente a la República de Weimar. Hitler encarnaría en su persona la enseñanza que se puede aprender del cataclismo de 1918. En consecuencia, el desastre de ese año sería la oportunidad y la justificación para crear un nuevo orden, un nuevo estado, una nueva sociedad nacional socialista24.

Es cierto que la I Guerra Mundial es considerada la catástrofe original del siglo 20: the great seminal catastrophe of this century, como la llamó el historiador y diplomático norteamericano George F. Kennan. Sin embargo, lo que dice Schmitt es algo muy distinto. De partida, él ve la I Guerra como un acto heroico del pueblo alemán que resistió esos cuatro años luchando frente al mundo25. Yo pensaba que, en la I Guerra, Alemania luchaba junto a los grandes imperios Otomano y de Austria-Hungría y a otros países (Italia, Bulgaria, etc.). Parece que ya en esa época, había alternative facts.

Pero, para Schmitt, la catástrofe no es la guerra sino el fin del estado que había fundado Bismarck. De ello sería culpable la democracia liberal, incapaz de defender el estado, incapaz de hacer uso de los artículos de excepción o de guerra, como él los llama (Kriegsartikel26). Recordemos su conocida frase „soberano es quien decide sobre el estado de excepción“27.

Tanto el Reino alemán como el estado de Weimar habrían terminado a causa de la debilidad del estado liberal y de la burocracia -se refiere a la administración del estado y al gobierno-. Según Carl Schmitt, ni los parlamentarios comunistas, ni los capitalistas, ni los cristianos, ni los ateos fueron capaces de salvar el estado que sucumbió en 191828 frente a los marineros amotinados que se negaban a pelear (en la guerra), y a otros enemigos del estado29. (Se refiere al Levantamiento de los marineros en 1917).

Sí, ese es su gran trauma. Y probablemente lo era para gran parte de la población, lo que Hitler les recuerda una y otra vez30. Por ello, el autor justifica que el Führer haya terminado con la República de Weimar y creado un nuevo estado en 1933. Pretende legitimar así la toma del poder en enero de ese año mediante un sistema formalmente democrático. Me imagino que, para él, esta es una prueba más de la debilidad de la democracia liberal. Después de todo, el nuevo orden no necesita una sociedad fuerte, sino un pueblo alemán, un Guía y un partido fuertes y nada más. Ni división de poderes, ni menos que nada un parlamento (Schmitt detesta el parlamentarismo), ni derechos individuales que los antiguos tribunales -en su extremo individualismo- intentaron inútilmente defender31.

Los enemigos de la sociedad abierta

La revolución planteada por Schmitt conduce a que los enemigos de la sociedad abierta se apoderen del estado, acaben con la sociedad civil y conculquen los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Se inicia así una nueva era: el nacional socialismo funda un nuevo orden anti-liberal (iliberal lo llamaríamos hoy), donde no hay separación de poderes y en que se hace sólo lo que ordena el Führer, cuyo poder es absoluto y donde los tribunales deben someterse a la política (primado de la política sobre los tribunales32).

No sé qué opinen ustedes. A mí no me gusta este nuevo orden.

1 “Der Führer schützt das Recht”, en Deutsche Juristen-Zeitung, cuaderno 15 de 1° de agosto de.1934. columnas 945-950. Pueden encontrar el texto completo, con una corta introducción en esta dirección. El texto en Metapedia. Asimismo, imagen del texto original en la siguiente dirección. En adelante, lo citaré simplemente copiando los textos en alemán a pie de página, sin mencionar este artículo, para facilitar así la lectura.

2 Fundada por el abogado judío Otto Liebmann, quien la dirigió, en conjunto con los igualmente prestigiosos juristas Paul Laband, Melchior Stenglein y Hermann Staub. Liebmann se vió obligado a vender su editorial -y con ella, la revista- en 1933 a la Editorial Beck. Cfr. Schwarz-brauner Namens­pa­tron des grauen Kom­mentar-Zie­gels

3 Waldemar Gurian había sido muy amigo de Carl Schmitt en la década de 1920, Ambos pertenecían a sectores conservadores católicos. Gurian (judío convertido al catolicismo) huyó, con su familia, a Suiza antes de ser detenido por los nazis. Cfr. Bernd Rüthers, “Carl Schmitt im Dritten Reich”, pp. 70 y 71.

4 Sus escritos son leídos y citados incluso por la nueva “inteligensia rusa”, en torno a Alexander Dugin, conocido como el ideólogo del Kremlin. En España, Schmitt siempre ha sido y es muy importante, al igual que en Italia.

5 “Sie werden uns das Lob und den Beifall der ganzen Welt versprechen, wenn wir wiederum, wie damals im Jahre 1919, niederfallen und unsere politische Existenz den Götzen des Liberalismus opfern”.

6 “daß der heutige deutsche Staat die Kraft und den Willen hat, Freund und Feind zu unterscheiden”.

7 Bernd Rüthers, “Entartetes Recht”, p. 118. El profesor Rüthers cita y analiza la obra de Schmitt “Der Begriff des Politischen”.

8 “des Volkes oberster Gerichtsherr”, “der deutschen Nation und damit des Deutschen Volkes oberster Gerichtsherr”.

9 “Aus dem Führertum fließt das Richtertum. Wer beides voneinander trennen oder gar entgegensetzen will, macht den Richter entweder zum Gegenführer oder zum Werkzeug eines Gegenführers und sucht den Staat mit Hilfe der Justiz aus den Angeln zu heben. Das ist eine oft erprobte Methode nicht nur der Staats-, sondern auch der Rechtszerstörung.”

10 “Der Führer schützt das Recht vor dem schlimmsten Mißbrauch, wenn er im Augenblick der Gefahr kraft seines Führertums als oberster Gerichtsherr unmittelbar Recht schafft”.

11 Cuando se dirigían a Hitler, ya sea de palabra o por escrito, los alemanes de entonces, debían decir o escribir “Mein Führer”, esto es, “mi guía”.

12 “Das Richtertum des Führers entspringt derselben Rechtsquelle, der alles Recht jedes Volkes entspringt. In der höchsten Not bewährt sich das höchste Recht und erscheint der höchste Grad richterlich rächender Verwirklichung dieses Rechts. Alles Recht stammt aus dem Lebensrecht des Volkes. Jedes staatliche Gesetz, jedes richterliche Urteil enthält nur soviel Recht, als ihm aus dieser Quelle zufließt”.

13 Rüthers, “Entartetes Recht”, p. 109.

14 Carl Schmitt: “Aufgabe und Notwendigkeit des deutschen Rechtsstaates”, DR (Zentralorgan des National-Sozialistischen Rechtswahrerbundes, Órgano central de los nacional socialistas) 1936, pág, 181. Citado por Rüthers, en “Entartetes Recht”, p. 109.

15 Cfr. Rüthers, Carl Schmitt im Dritten Reich, p. 55.

16 “Das Uebrige ist kein Recht, sondern ein „positives Zwangsnormengeflecht“, dessen ein geschickter Verbrecher spottet”.

17 Manfred Friedrich hace ver que Carl Schmitt denunció el liberalismo de Weimar como una ideología ya sobrepasada. Cfr. Friedrich, “Geschichte der deutschen Staatsrechtswissenschaft”, p. 368.

18 “Das starke, von Bismarck gegründete Deutsche Reich ist während des Weltkriegs zusammengebrochen, weil es im entscheidenden Augenblick nicht die Kraft hatte, „von seinen Kriegsartikeln Gebrauch zu machen“. Durch die Denkweise eines liberalen „Rechtsstaats“ gelähmt, fand eine politisch instinktlose Zivilbürokratie nicht den Mut, Meuterer und Staatsfeinde nach verdientem Recht zu behandeln”.

19 “der Grundsatz des Vorranges der politischen Führung”.

20 “Der Führer aber macht Ernst mit den Lehren der deutschen Geschichte. Das gibt ihm das Recht und die Kraft, einen neuen Staat und eine neue Ordnung zu begründen”.

21 Cfr. Friedrich, “Geschichte der deutschen Staatsrechtswissenschaft”, pp. 367 y 368.

22 “Mancher Satz in den Entscheidungsgründen unserer Gerichte ist freilich aus einem berechtigten Widerstand gegen die Korruptheit des damaligen Systems zu verstehen”.

23 El historiador Dirk Blasius explica que tanto la guerra mundial como la derrota eran un trauma de tipo absoluto, que estaba presente en los sentimientos de la población alemana también después de 1933. En Blasius, “Carl Schmitt un der “Heereskonflikt” des Dritten Reiches 1934”, Historische Zeitschrift N° 281 de 2005, p. 670.

24 Ver nota 21. Schmitt dice que el Führer toma en serio las enseñanzas de la historia y esto le da el derecho a fundar un nuevo estado y un nuevo orden.

25 “In beispielloser Tapferkeit und unter furchtbaren Opfern hat das Deutsche Volk vier Jahre lang einer ganzen Welt standgehalten”.

26 Ver nota 19.

27 “Souverän ist, wer über den Ausnahmezustand entscheidet”, en su “Politische Theologie”, p. 13.

28 “Im Herbst 1917 haben alle in ihrem Rechtsdenken verwirrten deutschen Parlamentarier, und zwar Kapitalisten wie Kommunisten, Klerikale wie Atheisten, in merkwürdiger Einmütigkeit verlangt, daß man das politische Schicksal Deutschlands solchen prozessualen Fiktionen und Verzerrungen ausliefere, und eine geistig hilflose Bürokratie hat damals den politischen Sinn jener „juristischen“ Forderungen nicht einmal gefühlsmäßig empfunden”.

29 “Durch die Denkweise eines liberalen „Rechtsstaats“ gelähmt, fand eine politisch instinktlose Zivilbürokratie nicht den Mut, Meuterer und Staatsfeinde nach verdientem Recht zu behandeln”.

30 “Immer wieder erinnert der Führer an den Zusammenbruch des Jahres 1918”.

31 “Wenn das Reichsgericht im Juni 1932 (RGSt. 66, 386) den Sinn der richterlichen Unabhängigkeit darin sah, „den Staatsbürger in seinen gesetzlich anerkannten Rechten gegen mögliche Willkür einer ihm abgeneigten Regierung zu schützen“, so war das aus einer liberalindividualistischen Haltung gesprochen”.

32 Ver nota 20.

Marta Salazar Sánchez

Marta Salazar Sánchez

Ist eine chilenische Juristin. Sie stammt aus La Reina, am Fuß der Anden, einem damals ländlichen Vorort von Santiago. Sie studierte Rechtswissenschaften an der Universität von Chile. Anschließend wurde sie an der Julius-Maximilians-Universität zu Würzburg promoviert. Später war sie ein Jahrzehnt in der Finanzwelt tätig. Derzeit arbeitet sie ein wenig als Mediatorin. Unterhaltsam findet sie heute Bloggen, juristische Aufsätze schreiben und mit einem Flat Coated Retriever am Rhein spazieren zu gehen. Sie hat eine wunderbare Familie und viele ebenso wunderbare Freundinnen und Freunde, mit denen sie sich am liebsten über Politik, Wirtschaft und Kultur lebhaft unterhält. Am besten bei einem Glas Rotwein. En Chile, abogada. En Alemania, jurista. Nació al pie de Los Andes, en La Reina, Santiago. Estudió en la Universidad de Chile e hizo un doctorado en la Universidad de Würzburg, en Baviera, Alemania. Trabajó durante más de diez años en el rubro de las finanzas. Le encanta escribir artículos sobre temas políticos, económicos, de derecho y crítica social. Tuvo alguna vez, una columna en el vespertino La Segunda, de la empresa El Mercurio. Y ha publicado artículos en revistas jurídicas de México, Chile, Alemania y Austria. Asimismo, le gusta conversar y debatir sobre derecho, política, economía y sociedad con su familia y con sus muchos amigos y amigas. Mientras más debatida sea una conversación, tanto mejor.

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